08 noviembre 2009

Entre las llamas 5

NATSUKI


El contacto de Shinichi me sorprendió. ¿Desde cuando él hacía cosas como... bueno, como tocar a otras personas? Le miré preocupada, pensando que quizás ocurriese algo, pero él se limitó a estrechar mi mano en un firme apretón, sin tan siquiera mirarme. Seguí su mirada y me encontré con un asustado hombre. ¿Cómo se llamaba aquel tipo? ¿Y por qué volvía a tener esa patética expresión de susto?
Kyoko había vuelto a perder la consciencia, así que teníamos una preocupaci´n menos, preo todavía nos quedaba un desconocido al que neutralizar.

-¿Quién eres? -interrogué- ¿Cómo te llamas?

Ante mi pregunta le dirigió una sonrisa maliciosa a Shinichi, que me mirño con enfado y apretó su agarre. ¿De que coño iba todo eso?
El desconocido empezó a arrastrarse de nuevo hacia nosotros... hacia mí. La mano de mi esposo trepó por mi brazo hasta colocarse, posesivamente, sobre mi hombro, haciéndome perder el equilibrio y casi caer encima de nuestra prima.
Muy bien, ya empezaba a cabrearme todo aquello. Si quería jugar a ver quién era el más machito a mí que no me metiesen.

-Te he preguntado cómo te llamas, no te he dicho que vengas aquí -espeté, empujando con un pie al desconocido, que estaba casi encima mío.

El pobre hombre me miró desconcertado un segundo, pero enseguida su rostro retomó esa expresión maliciosa que tanto me desagradaba.

-Y tú -mascullé, sacudiéndome la mano de Shinichi de encima-, me vas a tirar.

Durante una milésima de segundo, su cara fue un cuadro, pero volví a atrapar su mano en el aire y la estreché con fuerza, intentando hacerle entender que no rechazaba su contacto, simplemente no quería terminar encima de Kyoko.

-Así mejor -le sonreí a mi marido-. Ahora, tú nos vas a decir quién coño eres, por qué estabas en el cuerto de Kyoko y lo que ha pasado para que la casa termine ardiendo, ¿verdad que sí, pequeñín?

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