08 noviembre 2009

Entre las llamas 4

NATSUKI


Agradecí que Shinichi apartase a aquel tipo de mí, aunque el respiro duró poco. Enseguida volvió a arrimarse a mí lado.
Me deshice como pude del asfixiante abrazo de aquel tipo. Si quería chulear a Shinichi allá él, yo no pensaba quedarme cerca a mirar. No era capaz de imaginármelo furioso, dejándose llevar por sus emociones e instintos... Aunque tampoco me lo habría imaginando pisando a nadie hasta que le vi hacerlo.

Me acerqué a Kyoko, obligándola a mantenerse tumbada y tomándole el pulso con cuidado. Nos habían encargado que cuidásemos de la chica y casi había muerto quemada.

-Ya está todo bien, prima. Hubo un accidente, pero ahora todo está bien. Estamos todos a salvo -la tranquilicé.

-Oh... ¿Tu esposo también está bien?

-Si, estamos todos -dije con cierta furia. Ni agonizando se olvidaba de Shinichi la muy lagarta-. Ahora descansa, enseguida apagarán el fuego.

-Haga caso, señorita -intervino el hombre por encima de mi hombro- necesita descansar.

Se había acercado a nosotras y se inclinaba sobre mí, apoyando una mano en mi hombro, su rostro casi a la altura del mío. Me aparté de su contacto lo más rápido que pude, buscando a Shinichi con la mirada. ¿Donde había un esposo cuando lo necesitabas?
Suponía que no tenía mucho sentido seguir interpretando el papel de primos después de haber saltado por una ventana, pero no me atrevía a liarme a patadas con ese tipo tal y como me pedía el cuerpo.

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