04 julio 2009

Indicios 12

SHINICHI

Cada uno mantenía sus propias manos fuera del alcance del cuerpo del otro. Ese beso había sido el detonante de recuerdos ardientes de juventud, batallas hacía tiempo olvidadas y algo más que no sabría describir.

La sangre palpitaba con fuerza en mis oídos. Unas veces el sonido de su frenética carrera parecía que me iba a dejar sordo, mientras que otras estaba tan concentrado en los labios de Natsuki que olvidaba que de vez en cuando debía oxigenar aquella sangre.

Sus brazos se movieron hacia abajo. Un movimiento insignificante que ni siquiera habría puesto sus manos a mi alcance, pero me adelanté. Apresé sus muñecas y las empujé hasta colocarlas contra el tronco del árbol. Después, con gran esfuerzo, dejé libres sus labios y jadeé a la altura de su cuello. Nos quedamos así durante un buen rato. Yo estaba seguro de que si no me tomaba mi tiempo, volvería a saltar a su boca sin remedio.

-No...

Intenté concentrarme en la forma del tronco.

-Ahora no...

Un último esfuerzo.

-Dejémoslo aquí...

Natsuki se deshizo de la presa de mis manos y rodeó mi pecho. Apoyó su cabeza contra él y mi corazón comenzó a insuflar sangre con más energía, como si quisiera darle a entender que trabajaba sin descanso en este cuerpo.
El aire movió su pelo y a mí me hacía cosquillas, pero en aquel instante no me habría movido por nada del mundo.

Indicios 11

NATSUKI

No supe reaccionar a tiempo. No sabía qué hacer. Durante unos instantes no fui capaz más que de quedarme embobada ante él. ¿De qué estaba hablando? Después, muy lentamente, coloqué mis manos sobre sus mejillas y le obligué a mirarme.

-Me has salvado la vida –dije muy despacio y vocalizando suavemente-. Te has tirado desde una ventana para evitar que me matase, así que estoy preocupada por ti. Creo que estás tan loco como yo, pero ha sido impresionante.

Sonreí, vacilante. Apenas había luz suficiente para distinguir sus rasgos pero habría jurado que él estaba tan confuso como yo... No, su rostro seguía siendo de piedra. Imaginaciones mías.

-Olvida el gato, yo te conseguiré uno. Tal vez no lo sepas, pero me muevo por los tejados como pez en el agua.

Se me volvió a escapar la risa pensando en trepar de nuevo por las paredes. Y esa vez estaba segura de haber visto algo en su rostro.

-Ahora tienes que seguir impresionándome –murmuré, tirando de su rostro hacia mí.

Atrapé sus labios con suavidad y le besé. Su boca se movió con la mía, con dulzura al principio, cada vez más intenso, más apasionados. Sí, nuestra relación siempre era muy intensa. Mis manos se deslizaron por su rostro dibujando el camino hasta su pelo. No había olvidado el tacto de su pelo. Hundí los dedos entre mechones de seda, tirando con suavidad, jugando con la lengua. Necesitaba dejarme llevar por sus movimientos y dominar su boca a la vez. Mis manos querían saltar sobre su ropa y colarse entre los pliegues de las prendas, mis labios querían saborear su piel. La dócil esposa que había aprendido a ser luchaba contra mis instintos más primarios, sin lograr contenerlos.

Me limité a besarle, mordisqueando juguetonamente sus labios. Esperando la señal para dejarme llevar.

Indicios 10

SHINICHI

-¿Cómo que si estoy bien? -Gruñí enfadado agarrando su muñeca y evitando que retirara su mano- ¿Te caes de semejante altura y me preguntas a mí si estoy bien?

Los pinchazos de mi cabeza empeoraron cuando me alteré, enviándome una sacudida de advertencia que me dejó fuera de combate durante unos segundos. Inspiré profundamente y cerré los ojos para evitar desplazarme hacia ningún lado.

-Vamos a ver -Cuchicheé entre dientes una vez recuperado el sentido del equilibrio. Mi mirada pudo entonces taladrar sus ojos verdes -, ¿qué estabas haciendo tú ahí? ¿No había otra forma menos peligrosa de escuchar a escondidas?

La zarandeé un poco al ver que no me contestaba, preocupado. La chica me miraba ensimismada, como si se hallase en un lugar muy lejano y hubiese dejado su mirada perdida en mi rostro. Hice una mueca de disgusto y la arrastre hacia el árbol por si acaso a Kyoko se le ocurría la idea de volver a asomarse por ahí.

Quizá me estaba pasando. Al fin y al cabo había sido culpa mía que se precipitase al vacío. También que hubiera sido golpeada con fuerza por un error en la trayectoria...

Una vez comenzaron a pasarse los efectos de unos sellos liberados demasiado bruscamente, fui cerrando el grifo despacio y uno por uno. Después, hice que la chica se sentara al pie de aquel árbol y puse ambas manos sobre sus mejillas.

-Lo siento -Susurré intentando que mis palabras le hicieran reaccionar-, fallo mío. Pensaba que no llegaba...

Agradecí que la oscuridad fuese más pronunciada gracias a las ramas.

-Debería... buscar un gato -Balbuceé sin convicción. Tenía todos los sentidos puestos en ella- un justificante... para Kyoko...

Sin poder resistirme acerqué mi boca hasta sus labios. Disfruté del beso durante unos instantes y después lo corté bruscamente. Había estado tan concentrado en mí que si ella se hubiera estado resistiendo, lo habría interpretado como un símbolo de pasión.
Abrí los ojos, aletargado, intentando devolverles su indiferencia para poder averiguar si había terminado de meter la pata aquel día.

Indicios 9

NATSUKI

Me asusté al ver a Shinichi aparecer en la ventana y, estúpida de mí, volví a escurrirme. El poyete desapareció, de pronto bajo mis pies no había más que vacío.
Caí.
Caí.
Caí.
Choqué.
Fue como si un camión me hubiese embestido, solo que en vez de duro suelo, se trataba de Shinichi. De repente estaba en sus brazos. En el suelo. Viva.
Me dijo algo que no terminé de entender. ¿Estaba preocupado?

-Bi... Bien –jadeé, no muy segura de mi propia voz.

Me gustaría haberme quedado entre sus brazos, pero la realidad me golpeó, Kyoko no tardaría en aparecer y no podía verme allí abajo. De un salto me deshice de su abrazo, pero antes de alejarme de él no pude contener un fugaz beso de agradecimiento. Creo que ni siquiera acerté a besar sus labios, pero tenía que esconderme cuanto antes. ¿Cómo íbamos a explicar que Shinichi se hubiese lanzado de cabeza por la ventana? ¿Impulsos suicidas? ¿Incontrolables deseos de volar?

Nuestra prima asomó la cabeza y yo me concentré en pasar desapercibida. Siempre había sido fácil no hacerme notar, en silencio, inmóvil, prácticamente sería invisible.
Shinichi dijo algo de un gato y que se había tirado desde esa altura a salvar al pobre animal. Ella debió creerle porque al cabo de unos momentos volvió a meterse en su habitación.

De nuevo estábamos solos. La adrenalina todavía aceleraba mi respiración y notaba la sangre latiendo a toda velocidad, mi corazón seguía sin creer que siguiese funcionando. Miré a mi marido, que seguía inmóvil, en la posición en que había caído. Él me devolvió una mirada seria, quizá un poco sorprendida.
Sin dejar de vigilar la ventana de Kyoko me acerqué hasta él, agachándome a su lado.
¿Ya estaba? Una suave risa asomó entre mis labios. ¿Eso era todo? Empecé a reírme a carcajadas, escondiendo el rostro entre los brazos para intentar ahogar el sonido. Mi cuerpo se sacudía junto a él, consciente de su presencia, del peligro, pero sin poder parar de reír. No podía creerlo, estábamos vivos y nuestra coartada intacta. Increíble.

Poco a poco logré serenarme e inspirar hondo un par de veces seguidas.

-Gracias –susurré, probando mi voz-. Me has salvado.

Busqué su mirada, queriendo hallar alguna respuesta a preguntas que todavía no había formulado.

-¿Estás bien?

Extendí la mano hacia él, pero me arrepentí, dejándola caer de nuevo. ¿Qué se suponía que estaba haciendo? ¿Tocarle para asegurarme de que no se había roto? ¿Comprobar que era de verdad y todo aquello no era un extraño sueño? Era estúpido y él no me dejaría... ¿verdad?

Indicios 8

SHINICHI

-¿Qué ha sido eso? -Inquirió Kyoko agarrando las mantas como si fuese a estrangularlas con los dedos.

-Iré a ver -Me ofrecí. Tenía una ligera sospecha de la procedencia de los ruidos...

Me puse en pie y me desplacé hasta los grandes ventanales de la habitación. Kyoko, alterada y nerviosa, observaba mis movimientos desde la cama. Su estado parecía cambiar a cada segundo; momentos atrás se deshacía en sonrisas y ahora parecía agitada ante la perspectiva de unos simples ruidos.

Con una mano desplacé la ventana hacia un lado y asomé la cabeza. El hueco era pequeño, lo suficiente para que parte de mi cuerpo tapase lo que pasaba fuera. Cuando me encontré a Natsuki luchando por mantener el equilibrio en aquellos poyetes tuve que morderme la lengua para no gritarle todo lo que se me estaba pasando por la cabeza.
¡Menuda irresponsabilidad la suya! ¿Cómo iba a justificar que mi supuesta esposa tenía la extraña manía de jugar a los ninjas si la pillaban?

La miré con los ojos entrecerrados y alcé la mano que no estaba apoyada sobre la ventana.

-¡Shuu, Shuu! -Exclamé al tiempo que movía la mano como si intentase ahuyentar a un animal-. Largo de aquí.

La verdad es que las cosas no podrían haber salido peor.

Natsuki perdió el equilibrio. Que yo apareciese, no de muy buen humor que digamos, le había distraído y uno de sus pies había patinado de nuevo. Parecía que en el último momento iba a agarrarse a uno de los salientes, pero su mano había pasado rozando. En apenas unos segundos la imagen que se reflejaba en mis ojos era la de su caída. La chica no podía hacer mucho ya que estaba cayendo de espaldas.
No tardaría en impactar.

-¡Mierda, joder! -Maldije al tiempo que buceaba en mi interior y soltaba uno tras otro los tres sellos.

La sacudida de poder fue brutal. Las tres líneas se dibujaron sobre mi mejilla espaciadas en periodos de apenas un segundo, y los cambios se hicieron presentes todos a la vez. Sin pensarmelo dos veces me precipité de un salto hacia el árbol que estaba a la izquierda de los ventanales. Mi pie rebotó sobre su tronco apenas un metro por debajo de los poyetes, giré el cuerpo y me impulsé en diagonal hacia abajo. No me dio tiempo a calcular la trayectoria para estimar a qué altura me encontraría con el cuerpo de Natsuki. La velocidad a la que iba yo, muy superior a la suya, me hizo dudar de si funcionaría mi plan de atraparla en el aire.
Los nervios hicieron que percibiese los segundos como si fueran siglos hasta que choqué contra la chica. Al instante, la aferré por la cintura y nuestra velocidad se redujo por el impacto. Gracias a aquello y al incremento de reflejos pude posarme con relativa facilidad sobre el césped.

Sudando a chorro por el esfuerzo de haber roto los tres sellos a la vez, jadeé en su cara la única pregunta para la que necesitaba una respuesta inmediata.

-¿Estás bien?