SHINICHI
Sabía que aquello era fruto de un impulso irracional mucho antes de llevarlo a cabo. Sin embargo, mi mente se las arregló para proporcionarme el pretexto adecuado: "El Ichigen no te servirá esta vez". La letanía silenciosa se repetía una y otra vez en mi cerebro.
Pues vale...
Quizá un poco a regañadientes, di luz verde a los músculos de mis piernas y me sumergí en el agua. Al instante noté una creciente sensación de alivio y mejoría.
A pesar de saber que se trataba de un simple espejismo y de que mis heridas no desaparecerían con un triste baño de agua, por muy fría que ésta estuviese, pensé que había hecho lo correcto.
Me sumergí totalmente y aguanté la respiración durante menos de medio minuto. Después, rompí contra la superficie y salí de allí sin demora. Me escurrí el pelo y me quité la camiseta para poder retorcerla también. Tras meditarlo un instante, decidí quitarme las vendas del pecho, aunque me retiré a un lugar más oscuro para hacerlo; no tanto por guardar las apariencias sino por el hecho de que aún me provocaba cierto pudor andar por ahí exhibiendo mi tatuaje.
Colgé la camiseta y las vendas de una de las ramas del árbol y me apresuré a regresar al lugar donde había dejado a Natsuki. Me sentí inseguro al dar los primeros pasos.
Apenas tardé en bordear el ennegrecido edificio y volver al pequeño claro, donde, lo primero que vi fue a Natsuki tentarse la ropa y mirar con profundo desagrado a Hideki. Con un movimiento causal, desplacé parte de mi melena sobre la zona izquierda de mi pecho, de modo que el color negro de mi pelo y la noche se encargaran de hacer maravillas y disimular el tatuaje.
Pasé con gracilidad entre ambos, esquivando manos y rodillas, y me percaté de que Kyoko se encontraba consciente. Tenía un aspecto muy frágil, las mejillas se le habían coloreado y la mirada estaba empezando a adoptar un relieve vidrioso.
Con un brazo sobre sus hombros y otro sujetando su cintura, conseguí alzarla lo suficiente como para que quedara de pie un instante. Entonces afiancé sus manos alrededor de mi cuello y me cargué el cuerpo de la mujer a la espalda. El contacto con su piel, tan caliente en comparación con la mía, me provocaba escalofríos nada agradables. Aunque, por otro lado, me ayudaban a entrar en calor.
-Nos vamos -Sentencié mientras acomodaba su peso-. Haremos noche donde podamos, lejos de aquí, no sea que los cimientos cedan y convirtamos el susto en catástrofe.
No estaba muy convencido de poder llegar al pueblo más cercano antes de que amaneciera, por lo que más adelante le propondría a Natsuki que parasemos a descansar e hiciesemos turnos para vigilar a Kyoko. Sin embargo, no había contado con el molesto inconveniente del criado, que se empeñó en venir con nosotros y traer a un par de personas más. Según él "para garantizar el bienestar de la señorita Kyoko".
Lo dejé pasar. Las piernas se me empezaban agarrotar y de lo único que tenía ganas era de dejar atrás todo aquello.
28 noviembre 2009
14 noviembre 2009
Entre las llamas 7
NATSUKI
Shinichi se había ido y mi primer impulso fue salir tras él. No sabía qué hacer con aquella gente y tampoco quería pensarlo mucho.
Hideki se había tranquilizado un poco, pero seguía soltando pequeños lamentos cada poco. En el mismo instante en que empezó a hablar me arrepentí de haber preguntado nada, preferiría seguir pensando en él como "el desconocido" a haber presenciado aquella patética escena.
Se inclinó sobre Kyoko de tal forma que quedó completamente de espaldas a mí, haciéndome imposible ver lo que hacía. No me gustó. No había ninguna razón, pero no quería que se quedase a solas con Kyoko, había algo en él.... Algo no estaba bien. O tal vez no fuese más que el hecho de que aquel tipo me desagradaba. Entendía perfectamente el asco que había reflejado el rostro de Shinichi.
-Hideki, aparta de ahí -ordené.
La cara que puso me revolvió algo por dentro. Mierda, parecía un cachorrito apaleado. Un hombre hecho y derecho no debería tener ese aspecto.
-Necesita aire -intenté explicar. ¿Estaba justificándome con él o conmigo misma?-, es mejor que no te eches encima suyo.
Asintió y se colocó a mi lado. Estaba empezando a ponerme nerviosa con tanto paseíto.
En ese mismo momento, y como si me estuviese dando la razón, mi aún supuesta prima despertó. Aproveché para acercarme a ella, apoyando su cabeza en mi regazo para incorporarla un poco.
-¿Qué tal estás, prima?
-Creo... me da vueltas la cabeza -gimió.
-No te preocupes, has inhalado demasiado humo, se te pasará.
-Señorita... Señorita... -sollozó Hideki-. Pensé que la había perdido... Señora Kyoko...
Le miré, extrañada por su reacción. Definitivamente no entendía a aquel hombre. Hice caso omiso a su presencia, de pronto me había dado cuenta de que aquella situación podía no ser tan desastrosa como aparentaba. Quizás podríamos aprovecharnos de ella en nuestro beneficio.
-Vamos prima, ahora hay que empezar a pensar qué vamos a hacer. Hay que sacar a toda esta gente de aquí y buscar un sitio donde pasar la noche.
-No... No sé... En el pueblo quizás....
-Pasamos por el pueblo de camino a aquí -dije, sacudiendo la cabeza-, no hay sitio para albergar a tanta gente. No podemos dejar a los criados por el camino.
La duda llenó sus ojos.
-Tal vez padre pueda... No. No puedo ir con él. Tengo... que... Tengo que quedarme aquí. No podemos irnos.
Miré a Hideki, intentando averiguar por su rostro si aquella reacción era normal, pero tenía la cabeza gacha. Kyoko volvía a comportarse como cuando descubrimos su sarpullido.
-No podemos quedarnos aquí, prima. Han controlado el fuego, pero el edificio puede derrumbarse en cualquier momento, no podemos pasar la noche al raso aquí en medio. Seguro que hay alguien cerca que nos pueda acoger aunque sea una noche.
-Mi padre vive cerca -soltó abruptamente.
Vi el cielo abierto. Por fin conseguía llevarla por donde yo quería.
-¿Podríamos ir con él?
-Sí... Tal vez...
-¡No, señora! -interrumpió de pronto el criado.
Me volví con una mirada feroz. Muy bien, ahora sí que iba a sacudirle.
Shinichi se había ido y mi primer impulso fue salir tras él. No sabía qué hacer con aquella gente y tampoco quería pensarlo mucho.
Hideki se había tranquilizado un poco, pero seguía soltando pequeños lamentos cada poco. En el mismo instante en que empezó a hablar me arrepentí de haber preguntado nada, preferiría seguir pensando en él como "el desconocido" a haber presenciado aquella patética escena.
Se inclinó sobre Kyoko de tal forma que quedó completamente de espaldas a mí, haciéndome imposible ver lo que hacía. No me gustó. No había ninguna razón, pero no quería que se quedase a solas con Kyoko, había algo en él.... Algo no estaba bien. O tal vez no fuese más que el hecho de que aquel tipo me desagradaba. Entendía perfectamente el asco que había reflejado el rostro de Shinichi.
-Hideki, aparta de ahí -ordené.
La cara que puso me revolvió algo por dentro. Mierda, parecía un cachorrito apaleado. Un hombre hecho y derecho no debería tener ese aspecto.
-Necesita aire -intenté explicar. ¿Estaba justificándome con él o conmigo misma?-, es mejor que no te eches encima suyo.
Asintió y se colocó a mi lado. Estaba empezando a ponerme nerviosa con tanto paseíto.
En ese mismo momento, y como si me estuviese dando la razón, mi aún supuesta prima despertó. Aproveché para acercarme a ella, apoyando su cabeza en mi regazo para incorporarla un poco.
-¿Qué tal estás, prima?
-Creo... me da vueltas la cabeza -gimió.
-No te preocupes, has inhalado demasiado humo, se te pasará.
-Señorita... Señorita... -sollozó Hideki-. Pensé que la había perdido... Señora Kyoko...
Le miré, extrañada por su reacción. Definitivamente no entendía a aquel hombre. Hice caso omiso a su presencia, de pronto me había dado cuenta de que aquella situación podía no ser tan desastrosa como aparentaba. Quizás podríamos aprovecharnos de ella en nuestro beneficio.
-Vamos prima, ahora hay que empezar a pensar qué vamos a hacer. Hay que sacar a toda esta gente de aquí y buscar un sitio donde pasar la noche.
-No... No sé... En el pueblo quizás....
-Pasamos por el pueblo de camino a aquí -dije, sacudiendo la cabeza-, no hay sitio para albergar a tanta gente. No podemos dejar a los criados por el camino.
La duda llenó sus ojos.
-Tal vez padre pueda... No. No puedo ir con él. Tengo... que... Tengo que quedarme aquí. No podemos irnos.
Miré a Hideki, intentando averiguar por su rostro si aquella reacción era normal, pero tenía la cabeza gacha. Kyoko volvía a comportarse como cuando descubrimos su sarpullido.
-No podemos quedarnos aquí, prima. Han controlado el fuego, pero el edificio puede derrumbarse en cualquier momento, no podemos pasar la noche al raso aquí en medio. Seguro que hay alguien cerca que nos pueda acoger aunque sea una noche.
-Mi padre vive cerca -soltó abruptamente.
Vi el cielo abierto. Por fin conseguía llevarla por donde yo quería.
-¿Podríamos ir con él?
-Sí... Tal vez...
-¡No, señora! -interrumpió de pronto el criado.
Me volví con una mirada feroz. Muy bien, ahora sí que iba a sacudirle.
08 noviembre 2009
Entre las llamas 7
SHINICHI
El desconocido terminó por acomodarse a cierta distancia de nosotros. La chulería y el desafío de sus ojos desapareció como por arte de magia y sus gestos volvieron a parecer los de un humilde criado.
-Mi nombre es Hideki -Comenzó el hombre con la cabeza gacha y las manos apoyadas sobre la tierra- y soy sirviente en esta casa desde hace unos meses. Cuando la señorita Kyoko regresó de su visita al doctor me encargaron velar su sueño...
Hideki levantó la cabeza y dirigió una mirada atormentada hacia Natsuki.
-Pe-pero... -Tartamudeó- Yo también m-me quedé d-d... ¡dormido!
Curvó la espalda hacia el suelo con tanta fuerza que me pregunté si no se habría hecho daño con tan exagerada reverencia.
-No sé cómo ni por qué comenzó el fuego. Debí desmayarme cuando empezó, porque no me desperté -Lloriqueó desde abajo-. ¡Lo siento mucho, lo siento mucho! ¡Perdónenme, por favor!
Gemidos ahogados escaparon de la boca del criado, que se puso a reptar por la superficie de la tierra hasta alcanzar timidamente de los pantalones de Natsuki en busca de perdón.
Ante semejante escena, me entraron unas tremendas ganas de vomitar. Solté mi mano de la de Natsuki y me puse en pie, consiguiendo que ambos volvieran sus ojos hacia mí.
-Hazte cargo de esto -Pedí, visiblemente irritado. Aquella cosa que se arrastraba por el suelo y que tenía la cara manchada por una asquerosa mezcla entre barro y lágrimas no se merecía ni por un instante que le considerase algo parecido a un rival-. Voy a buscar a los demás.
Me alejé de ellos y seguí los gritos que venían del otro lado de la mansión. Al doblar la esquina me encontré con un gran grupo de gente que se ayudaban los unos a los otros en un intento por apagar el macabro festival de fuego. Cerca de donde yo estaba había unas cuantas personas llenando cubos de agua que otros traían y, luego, volvían a llevarse.
Una mujer vislumbró mi cuerpo en la oscuridad y gritó aterrada. Nadie hizo mucho caso, ya que en aquella situación de pánico los gritos eran el sonido más frecuente. Me arrodillé junto a ella y la pobre criatura no hizo más que cubrirse la cabeza con ambos brazos.
-Soy el primo de Kyoko -Aclaré agarrando uno de sus brazos firmemente y obligándola a que me mirara-. Ella está bien, ha conseguido salir de ese infierno. Es muy importante que respondas a mi pregunta, ¿queda alguien más dentro?
La muchacha negó con la cabeza y eso era todo lo que necesitaba saber. Solté su brazo de forma inmediata y dejé que se acurrucara contra la maleza y se echase a llorar.
El reflejo que me devolvió el pequeño lago artificial captó mi atención. Un hombre con las mejillas tiznadas y expresión indiferente me miraba con mis mismos ojos fríos. Alcé una mano y me toqué la mejilla con suavidad, extendiendo aquella mancha negra por mi cara y las yemas de los dedos. Tenía quemaduras poco serias por los brazos y la ropa hecha un desastre.
Con un movimiento rápido deshice la coleta y el pelo cayó a ambos lados de mi rostro. Ahora tenía un aspecto mucho más sobrecogedor.
La gente seguía armando escándalo a mi alrededor.
Recogí un poco de agua con ambas manos y la restregué por las mejillas, intentando borrar las marcas que aquel edificio en llamas se había atrevido a dejar sobre mi piel.
El desconocido terminó por acomodarse a cierta distancia de nosotros. La chulería y el desafío de sus ojos desapareció como por arte de magia y sus gestos volvieron a parecer los de un humilde criado.
-Mi nombre es Hideki -Comenzó el hombre con la cabeza gacha y las manos apoyadas sobre la tierra- y soy sirviente en esta casa desde hace unos meses. Cuando la señorita Kyoko regresó de su visita al doctor me encargaron velar su sueño...
Hideki levantó la cabeza y dirigió una mirada atormentada hacia Natsuki.
-Pe-pero... -Tartamudeó- Yo también m-me quedé d-d... ¡dormido!
Curvó la espalda hacia el suelo con tanta fuerza que me pregunté si no se habría hecho daño con tan exagerada reverencia.
-No sé cómo ni por qué comenzó el fuego. Debí desmayarme cuando empezó, porque no me desperté -Lloriqueó desde abajo-. ¡Lo siento mucho, lo siento mucho! ¡Perdónenme, por favor!
Gemidos ahogados escaparon de la boca del criado, que se puso a reptar por la superficie de la tierra hasta alcanzar timidamente de los pantalones de Natsuki en busca de perdón.
Ante semejante escena, me entraron unas tremendas ganas de vomitar. Solté mi mano de la de Natsuki y me puse en pie, consiguiendo que ambos volvieran sus ojos hacia mí.
-Hazte cargo de esto -Pedí, visiblemente irritado. Aquella cosa que se arrastraba por el suelo y que tenía la cara manchada por una asquerosa mezcla entre barro y lágrimas no se merecía ni por un instante que le considerase algo parecido a un rival-. Voy a buscar a los demás.
Me alejé de ellos y seguí los gritos que venían del otro lado de la mansión. Al doblar la esquina me encontré con un gran grupo de gente que se ayudaban los unos a los otros en un intento por apagar el macabro festival de fuego. Cerca de donde yo estaba había unas cuantas personas llenando cubos de agua que otros traían y, luego, volvían a llevarse.
Una mujer vislumbró mi cuerpo en la oscuridad y gritó aterrada. Nadie hizo mucho caso, ya que en aquella situación de pánico los gritos eran el sonido más frecuente. Me arrodillé junto a ella y la pobre criatura no hizo más que cubrirse la cabeza con ambos brazos.
-Soy el primo de Kyoko -Aclaré agarrando uno de sus brazos firmemente y obligándola a que me mirara-. Ella está bien, ha conseguido salir de ese infierno. Es muy importante que respondas a mi pregunta, ¿queda alguien más dentro?
La muchacha negó con la cabeza y eso era todo lo que necesitaba saber. Solté su brazo de forma inmediata y dejé que se acurrucara contra la maleza y se echase a llorar.
El reflejo que me devolvió el pequeño lago artificial captó mi atención. Un hombre con las mejillas tiznadas y expresión indiferente me miraba con mis mismos ojos fríos. Alcé una mano y me toqué la mejilla con suavidad, extendiendo aquella mancha negra por mi cara y las yemas de los dedos. Tenía quemaduras poco serias por los brazos y la ropa hecha un desastre.
Con un movimiento rápido deshice la coleta y el pelo cayó a ambos lados de mi rostro. Ahora tenía un aspecto mucho más sobrecogedor.
La gente seguía armando escándalo a mi alrededor.
Recogí un poco de agua con ambas manos y la restregué por las mejillas, intentando borrar las marcas que aquel edificio en llamas se había atrevido a dejar sobre mi piel.
Entre las llamas 5
NATSUKI
El contacto de Shinichi me sorprendió. ¿Desde cuando él hacía cosas como... bueno, como tocar a otras personas? Le miré preocupada, pensando que quizás ocurriese algo, pero él se limitó a estrechar mi mano en un firme apretón, sin tan siquiera mirarme. Seguí su mirada y me encontré con un asustado hombre. ¿Cómo se llamaba aquel tipo? ¿Y por qué volvía a tener esa patética expresión de susto?
Kyoko había vuelto a perder la consciencia, así que teníamos una preocupaci´n menos, preo todavía nos quedaba un desconocido al que neutralizar.
-¿Quién eres? -interrogué- ¿Cómo te llamas?
Ante mi pregunta le dirigió una sonrisa maliciosa a Shinichi, que me mirño con enfado y apretó su agarre. ¿De que coño iba todo eso?
El desconocido empezó a arrastrarse de nuevo hacia nosotros... hacia mí. La mano de mi esposo trepó por mi brazo hasta colocarse, posesivamente, sobre mi hombro, haciéndome perder el equilibrio y casi caer encima de nuestra prima.
Muy bien, ya empezaba a cabrearme todo aquello. Si quería jugar a ver quién era el más machito a mí que no me metiesen.
-Te he preguntado cómo te llamas, no te he dicho que vengas aquí -espeté, empujando con un pie al desconocido, que estaba casi encima mío.
El pobre hombre me miró desconcertado un segundo, pero enseguida su rostro retomó esa expresión maliciosa que tanto me desagradaba.
-Y tú -mascullé, sacudiéndome la mano de Shinichi de encima-, me vas a tirar.
Durante una milésima de segundo, su cara fue un cuadro, pero volví a atrapar su mano en el aire y la estreché con fuerza, intentando hacerle entender que no rechazaba su contacto, simplemente no quería terminar encima de Kyoko.
-Así mejor -le sonreí a mi marido-. Ahora, tú nos vas a decir quién coño eres, por qué estabas en el cuerto de Kyoko y lo que ha pasado para que la casa termine ardiendo, ¿verdad que sí, pequeñín?
El contacto de Shinichi me sorprendió. ¿Desde cuando él hacía cosas como... bueno, como tocar a otras personas? Le miré preocupada, pensando que quizás ocurriese algo, pero él se limitó a estrechar mi mano en un firme apretón, sin tan siquiera mirarme. Seguí su mirada y me encontré con un asustado hombre. ¿Cómo se llamaba aquel tipo? ¿Y por qué volvía a tener esa patética expresión de susto?
Kyoko había vuelto a perder la consciencia, así que teníamos una preocupaci´n menos, preo todavía nos quedaba un desconocido al que neutralizar.
-¿Quién eres? -interrogué- ¿Cómo te llamas?
Ante mi pregunta le dirigió una sonrisa maliciosa a Shinichi, que me mirño con enfado y apretó su agarre. ¿De que coño iba todo eso?
El desconocido empezó a arrastrarse de nuevo hacia nosotros... hacia mí. La mano de mi esposo trepó por mi brazo hasta colocarse, posesivamente, sobre mi hombro, haciéndome perder el equilibrio y casi caer encima de nuestra prima.
Muy bien, ya empezaba a cabrearme todo aquello. Si quería jugar a ver quién era el más machito a mí que no me metiesen.
-Te he preguntado cómo te llamas, no te he dicho que vengas aquí -espeté, empujando con un pie al desconocido, que estaba casi encima mío.
El pobre hombre me miró desconcertado un segundo, pero enseguida su rostro retomó esa expresión maliciosa que tanto me desagradaba.
-Y tú -mascullé, sacudiéndome la mano de Shinichi de encima-, me vas a tirar.
Durante una milésima de segundo, su cara fue un cuadro, pero volví a atrapar su mano en el aire y la estreché con fuerza, intentando hacerle entender que no rechazaba su contacto, simplemente no quería terminar encima de Kyoko.
-Así mejor -le sonreí a mi marido-. Ahora, tú nos vas a decir quién coño eres, por qué estabas en el cuerto de Kyoko y lo que ha pasado para que la casa termine ardiendo, ¿verdad que sí, pequeñín?
Entre las llamas 5
SHINICHI
Contemplé la escena desde el otro lado del cuerpo de Kyoko. La verdad es que me estaba poniendo de una mala hostia...
Me levanté y rodeé el cuerpo, yéndome a colocar justo al lado del criado al que habíamos rescatado junto a la mujer.
-A menos que quieras que te corte las manos, te sugiero que las coloques en otro lugar -Gruñí entre dientes al oído de aquel hombre-. Lo que están tocando me pertenece.
Dispuesto a retarme una vez más alzó la mano y, en lugar de retirarla, la paseó distraidamente a una distancia prudente de su cuerpo. Aprovechando que Natsuki estaba de rodillas e inclinada atendiendo de nuevo a las preguntas de Kyoko, coló su mano siguiendo la línea de la cara interna de sus muslos. Sin embargo, la retiró nada más sentir el frío tacto del metal de una de las muchas armas que la chica ocultaba por todo su cuerpo.
Al ver su cara de espanto no pude evitar echarme a reir. Natsuki nos miró a ambos confundida, ya que no había llegado a sentir la invasión que aquella escoria pretendía haber llevado a cabo, pero a mí me hacía mucha gracia la forma en que había terminado su pequeña incursión. Sobre todo si teníamos en cuenta que algo parecido me sucedió a mí la primera vez que estuvimos juntos...
-Lárgate -Ordené esbozando una sonrisa escalofriante-. Mi mujer y yo nos ocuparemos de Kyoko.
El criado se arrastró hacia atrás, dispuesto a hacer caso de mis palabaras en aquella ocasión.
Yo me limité a colocar una de mis manos encima de la de Natsuki, para que quedara bien claro hasta dónde llegaban los límites de mi coto de caza privado.
Contemplé la escena desde el otro lado del cuerpo de Kyoko. La verdad es que me estaba poniendo de una mala hostia...
Me levanté y rodeé el cuerpo, yéndome a colocar justo al lado del criado al que habíamos rescatado junto a la mujer.
-A menos que quieras que te corte las manos, te sugiero que las coloques en otro lugar -Gruñí entre dientes al oído de aquel hombre-. Lo que están tocando me pertenece.
Dispuesto a retarme una vez más alzó la mano y, en lugar de retirarla, la paseó distraidamente a una distancia prudente de su cuerpo. Aprovechando que Natsuki estaba de rodillas e inclinada atendiendo de nuevo a las preguntas de Kyoko, coló su mano siguiendo la línea de la cara interna de sus muslos. Sin embargo, la retiró nada más sentir el frío tacto del metal de una de las muchas armas que la chica ocultaba por todo su cuerpo.
Al ver su cara de espanto no pude evitar echarme a reir. Natsuki nos miró a ambos confundida, ya que no había llegado a sentir la invasión que aquella escoria pretendía haber llevado a cabo, pero a mí me hacía mucha gracia la forma en que había terminado su pequeña incursión. Sobre todo si teníamos en cuenta que algo parecido me sucedió a mí la primera vez que estuvimos juntos...
-Lárgate -Ordené esbozando una sonrisa escalofriante-. Mi mujer y yo nos ocuparemos de Kyoko.
El criado se arrastró hacia atrás, dispuesto a hacer caso de mis palabaras en aquella ocasión.
Yo me limité a colocar una de mis manos encima de la de Natsuki, para que quedara bien claro hasta dónde llegaban los límites de mi coto de caza privado.
Entre las llamas 4
NATSUKI
Agradecí que Shinichi apartase a aquel tipo de mí, aunque el respiro duró poco. Enseguida volvió a arrimarse a mí lado.
Me deshice como pude del asfixiante abrazo de aquel tipo. Si quería chulear a Shinichi allá él, yo no pensaba quedarme cerca a mirar. No era capaz de imaginármelo furioso, dejándose llevar por sus emociones e instintos... Aunque tampoco me lo habría imaginando pisando a nadie hasta que le vi hacerlo.
Me acerqué a Kyoko, obligándola a mantenerse tumbada y tomándole el pulso con cuidado. Nos habían encargado que cuidásemos de la chica y casi había muerto quemada.
-Ya está todo bien, prima. Hubo un accidente, pero ahora todo está bien. Estamos todos a salvo -la tranquilicé.
-Oh... ¿Tu esposo también está bien?
-Si, estamos todos -dije con cierta furia. Ni agonizando se olvidaba de Shinichi la muy lagarta-. Ahora descansa, enseguida apagarán el fuego.
-Haga caso, señorita -intervino el hombre por encima de mi hombro- necesita descansar.
Se había acercado a nosotras y se inclinaba sobre mí, apoyando una mano en mi hombro, su rostro casi a la altura del mío. Me aparté de su contacto lo más rápido que pude, buscando a Shinichi con la mirada. ¿Donde había un esposo cuando lo necesitabas?
Suponía que no tenía mucho sentido seguir interpretando el papel de primos después de haber saltado por una ventana, pero no me atrevía a liarme a patadas con ese tipo tal y como me pedía el cuerpo.
Agradecí que Shinichi apartase a aquel tipo de mí, aunque el respiro duró poco. Enseguida volvió a arrimarse a mí lado.
Me deshice como pude del asfixiante abrazo de aquel tipo. Si quería chulear a Shinichi allá él, yo no pensaba quedarme cerca a mirar. No era capaz de imaginármelo furioso, dejándose llevar por sus emociones e instintos... Aunque tampoco me lo habría imaginando pisando a nadie hasta que le vi hacerlo.
Me acerqué a Kyoko, obligándola a mantenerse tumbada y tomándole el pulso con cuidado. Nos habían encargado que cuidásemos de la chica y casi había muerto quemada.
-Ya está todo bien, prima. Hubo un accidente, pero ahora todo está bien. Estamos todos a salvo -la tranquilicé.
-Oh... ¿Tu esposo también está bien?
-Si, estamos todos -dije con cierta furia. Ni agonizando se olvidaba de Shinichi la muy lagarta-. Ahora descansa, enseguida apagarán el fuego.
-Haga caso, señorita -intervino el hombre por encima de mi hombro- necesita descansar.
Se había acercado a nosotras y se inclinaba sobre mí, apoyando una mano en mi hombro, su rostro casi a la altura del mío. Me aparté de su contacto lo más rápido que pude, buscando a Shinichi con la mirada. ¿Donde había un esposo cuando lo necesitabas?
Suponía que no tenía mucho sentido seguir interpretando el papel de primos después de haber saltado por una ventana, pero no me atrevía a liarme a patadas con ese tipo tal y como me pedía el cuerpo.
Entre las llamas 3
SHINICHI
Observé a Natsuki tirarse por la ventana agarrando al tipo que nos habíamos encontrado en la habitación de Kyoko. Aquel hombre la entorpeció bastante, y arrugé la nariz pensando que quizá debería haberle dejado cargar con la chica.
Caí a su lado suavemente, cargando a una murmurante y desorientada Kyoko que se revolvía entre mis brazos y agarraba mi camiseta con desesperación. Eché un vistazo a mi alrededor para comprobar que aquella zona del jardín era segura y después volví la mirada hacia mi compañera para asegurarme de que seguía ahí.
Me quedé muy, muy quieto cuando aquel tipejo al que había salvado la vida empezó a aferrarla con fuerza y a mirarla con los ojos muy abiertos mientras farfullaba insensateces. Si no fuera porque Natsuki iba vestida con ropa normal, estaba seguro de que de los tirones que le estaba dando ya andaría medio desnuda por ahí. Y encima ella le estaba sonriendo...
Me acerqué a ambos ignorando a la chica que aún llevaba en brazos y levanté un pie para plantárselo a aquel tio en plena cara y alejarle de mi compañera.
-Eh, tú -Anuncié volviendo a poner el pie sobre tierra firme- ¿Se puede saber que coño ha pasado aquí? ¡Nos largamos un par de horas en busca de intimidad y se quema la casa, joder!
El criado me miró sorprendido al principio, algo que era normal teniendo en cuenta que aún tenía mis huellas sobre la frente, pero después su mirada adoptó un brillo malicioso.
-Disculpe señor, pero ¿quién es usted? Los únicos que se hospedan en esta casa son los primos de la señora Kyoko, pero usted no se parece en nada al señor... una persona tan respetable y distinguida...
Apreté la madíbula con fuerza al apreciar cierto sarcasmo en su tono de voz. Estaba dispuesto a sacar la espada y enseñarle modales, pero, para colmo de males, Kyoko comenzó a recuperar la consciencia y ella sí que pareció reconocerme
-¿Primo...? ¿Primo eres tú...?
Busqué la mirada de Natsuki en busca de ayuda. La situación en la que nos habíamos metido era surrealista y en mi interior se debatían dos fuerzas muy poderosas: un aguijoneante sentimiento de furia desconocido hasta ahora y la responsabilidad de encubrir a toda costa la misión.
Quizás lo peor de todo fuera que no sabía a cual de las dos hacer caso.
Observé a Natsuki tirarse por la ventana agarrando al tipo que nos habíamos encontrado en la habitación de Kyoko. Aquel hombre la entorpeció bastante, y arrugé la nariz pensando que quizá debería haberle dejado cargar con la chica.
Caí a su lado suavemente, cargando a una murmurante y desorientada Kyoko que se revolvía entre mis brazos y agarraba mi camiseta con desesperación. Eché un vistazo a mi alrededor para comprobar que aquella zona del jardín era segura y después volví la mirada hacia mi compañera para asegurarme de que seguía ahí.
Me quedé muy, muy quieto cuando aquel tipejo al que había salvado la vida empezó a aferrarla con fuerza y a mirarla con los ojos muy abiertos mientras farfullaba insensateces. Si no fuera porque Natsuki iba vestida con ropa normal, estaba seguro de que de los tirones que le estaba dando ya andaría medio desnuda por ahí. Y encima ella le estaba sonriendo...
Me acerqué a ambos ignorando a la chica que aún llevaba en brazos y levanté un pie para plantárselo a aquel tio en plena cara y alejarle de mi compañera.
-Eh, tú -Anuncié volviendo a poner el pie sobre tierra firme- ¿Se puede saber que coño ha pasado aquí? ¡Nos largamos un par de horas en busca de intimidad y se quema la casa, joder!
El criado me miró sorprendido al principio, algo que era normal teniendo en cuenta que aún tenía mis huellas sobre la frente, pero después su mirada adoptó un brillo malicioso.
-Disculpe señor, pero ¿quién es usted? Los únicos que se hospedan en esta casa son los primos de la señora Kyoko, pero usted no se parece en nada al señor... una persona tan respetable y distinguida...
Apreté la madíbula con fuerza al apreciar cierto sarcasmo en su tono de voz. Estaba dispuesto a sacar la espada y enseñarle modales, pero, para colmo de males, Kyoko comenzó a recuperar la consciencia y ella sí que pareció reconocerme
-¿Primo...? ¿Primo eres tú...?
Busqué la mirada de Natsuki en busca de ayuda. La situación en la que nos habíamos metido era surrealista y en mi interior se debatían dos fuerzas muy poderosas: un aguijoneante sentimiento de furia desconocido hasta ahora y la responsabilidad de encubrir a toda costa la misión.
Quizás lo peor de todo fuera que no sabía a cual de las dos hacer caso.
Entre las llamas 2
En cuanto llegué a lo alto de la escalera, sonreí a Shinichi. No sabía él, pero a mí el fuego siempre me había dado pánico. A pesar de ello me había lanzado de cabeza a la casa, sí, ni siquiero yo podía entenderlo, pero la perspectiva de que hubiese alguien allí dentro era peor que cualquier mal recuerdo. O eso procuraba decirme a mí misma.
De vez en cuando, entre el fragor de las llamas, me parecía oír algún grito ahogado. Pero, malditos fuesen aquellos pasillos, no lograba ubicarme. Sencillamente, no sabía dónde estábamos. ¿Aquello sería el cuerto de Kyoko? ¿El nuestro? ¿La cocina?
Daba igual. La puerta parecía venirse abajo y yo juraría oír voces allí dentro.
No lo pensé dos veces. Hice un gesto a Shinichi para que entendiese mis intenciones y eché la puerta abajo. La habitación pareció estallar desde dentro y el fuego me hubiese consimido si él no hubiese estado allí para quitarme de en medio. Caímos ambos al suelo, pero si no queríamos morir incinerados, más nos valía no quedarnos quietos.
Me levanté de un salto, tirando de él. Apreté su mano en señal de agradecimiento, pero le solté enseguida. No era ni el momento ni la persona adecuada para andarse con tonterías.
Resultó ser la habitación de Kyoko. En un rincón encontramos a nuestra prima y a un hombre, quizás un criado, que estaban inconscientes. Shinichi se lanzó a tomarle el pulso a Kyoko. Yo simplemente le di un par de bofetones al hombre, intentando reanimarle. Al ver que no surtía efecto, me acerqué a su cará, intentando notar su respiración o escuchar alguna señal de vida. Me recibió un suave gemidito, mezcla de dolor y ahogo. El hombre entreabrió los ojos y me miró, asustado.
Me volví a Shinichi, para comprobar que tuviese controlada a Kyoko. Me asintió con la cabeza y sin esperar nada más, cargué el peso del hombre sobre mis hombros y me lancé por la ventana.
La caída fue más dura de lo que esperaba. El tipo cayó como un peso muerto y a duras penas pude rodar en el último momento para evitar que se rompiese el cuello. Shinichi cayó a mi lado con elegancia y la chica seminconsciente entre sus brazos.
Busqué su mirada, intentando asegurarme de que estaban bien mientras recuperaba la respiración. Definitivamente no me gustaban los incendios.
-Dios santo.... -jadeó el tipo, todavía abrazado a mí-. Me... Me has salvado... la vida.
Le dediqué una sonrisa tranquilizadora, algo incómoda. No me gustaba ser la heroína de nadie.
De vez en cuando, entre el fragor de las llamas, me parecía oír algún grito ahogado. Pero, malditos fuesen aquellos pasillos, no lograba ubicarme. Sencillamente, no sabía dónde estábamos. ¿Aquello sería el cuerto de Kyoko? ¿El nuestro? ¿La cocina?
Daba igual. La puerta parecía venirse abajo y yo juraría oír voces allí dentro.
No lo pensé dos veces. Hice un gesto a Shinichi para que entendiese mis intenciones y eché la puerta abajo. La habitación pareció estallar desde dentro y el fuego me hubiese consimido si él no hubiese estado allí para quitarme de en medio. Caímos ambos al suelo, pero si no queríamos morir incinerados, más nos valía no quedarnos quietos.
Me levanté de un salto, tirando de él. Apreté su mano en señal de agradecimiento, pero le solté enseguida. No era ni el momento ni la persona adecuada para andarse con tonterías.
Resultó ser la habitación de Kyoko. En un rincón encontramos a nuestra prima y a un hombre, quizás un criado, que estaban inconscientes. Shinichi se lanzó a tomarle el pulso a Kyoko. Yo simplemente le di un par de bofetones al hombre, intentando reanimarle. Al ver que no surtía efecto, me acerqué a su cará, intentando notar su respiración o escuchar alguna señal de vida. Me recibió un suave gemidito, mezcla de dolor y ahogo. El hombre entreabrió los ojos y me miró, asustado.
Me volví a Shinichi, para comprobar que tuviese controlada a Kyoko. Me asintió con la cabeza y sin esperar nada más, cargué el peso del hombre sobre mis hombros y me lancé por la ventana.
La caída fue más dura de lo que esperaba. El tipo cayó como un peso muerto y a duras penas pude rodar en el último momento para evitar que se rompiese el cuello. Shinichi cayó a mi lado con elegancia y la chica seminconsciente entre sus brazos.
Busqué su mirada, intentando asegurarme de que estaban bien mientras recuperaba la respiración. Definitivamente no me gustaban los incendios.
-Dios santo.... -jadeó el tipo, todavía abrazado a mí-. Me... Me has salvado... la vida.
Le dediqué una sonrisa tranquilizadora, algo incómoda. No me gustaba ser la heroína de nadie.
Entre las llamas 1
SHINICHI
Llegamos a la mansión mucho más rápido de lo que hubiera imaginado. Y es que, ante la perspectiva de un incendio, ambos habíamos recurrido a nuestras capacidades latentes, aquellas que habíamos dejado a un lado en un intento por hacernos pasar por personas normales.
La visión del edificio siendo engullido por el fuego era algo verdaderamente imponente, destructivo, y, en cierta medida, hermoso. Las llamas como lenguas de fuego escapando por las ventanas y bailando sobre el tejado me fascinaron durante un breve instante. Después escuché que Natsuki me gritaba algo y salía disparada hacia dentro. Eché a correr tras ella con la visión del fuego aún viva tras mis retinas.
La mansión se había convertido en un auténtico infierno. El calor me abofeteó en plena cara nada más poner un pie ahí dentro. Natsuki se abría paso gracias a su agilidad natural, pero a mí me costaba bastante más pisar en los lugares adecuados y esquivar con la vaina de la espada los trozos de edificio que de vez en cuando se me venían encima.
Al final, y con mucho esfuerzo, llegamos a la escalera que conducía al dormitorio de nuestra prima.
-¡Natsuki, ten cuidado con las escaleras! -Grité para hacerme oír por encima del crepitar de las llamas y del estruendo que estaba provocando el desmoronamiento del inmueble- ¡Si se rompen no habrá forma de subir a tiempo!
Nos acercamos juntos y decidimos subir por turnos. Me ofrecí para ir el primero y ella esperó a los pies de la escalera. Cuando logré llegar hasta el final sin ningún contratiempo, le hice una seña y ella siguió mis pasos. Mientras la observaba, mis músculos estaban preparados para saltar al más mínimo indicio de fractura y llevarla de alguna manera conmigo hasta el piso de arriba.
Llegamos a la mansión mucho más rápido de lo que hubiera imaginado. Y es que, ante la perspectiva de un incendio, ambos habíamos recurrido a nuestras capacidades latentes, aquellas que habíamos dejado a un lado en un intento por hacernos pasar por personas normales.
La visión del edificio siendo engullido por el fuego era algo verdaderamente imponente, destructivo, y, en cierta medida, hermoso. Las llamas como lenguas de fuego escapando por las ventanas y bailando sobre el tejado me fascinaron durante un breve instante. Después escuché que Natsuki me gritaba algo y salía disparada hacia dentro. Eché a correr tras ella con la visión del fuego aún viva tras mis retinas.
La mansión se había convertido en un auténtico infierno. El calor me abofeteó en plena cara nada más poner un pie ahí dentro. Natsuki se abría paso gracias a su agilidad natural, pero a mí me costaba bastante más pisar en los lugares adecuados y esquivar con la vaina de la espada los trozos de edificio que de vez en cuando se me venían encima.
Al final, y con mucho esfuerzo, llegamos a la escalera que conducía al dormitorio de nuestra prima.
-¡Natsuki, ten cuidado con las escaleras! -Grité para hacerme oír por encima del crepitar de las llamas y del estruendo que estaba provocando el desmoronamiento del inmueble- ¡Si se rompen no habrá forma de subir a tiempo!
Nos acercamos juntos y decidimos subir por turnos. Me ofrecí para ir el primero y ella esperó a los pies de la escalera. Cuando logré llegar hasta el final sin ningún contratiempo, le hice una seña y ella siguió mis pasos. Mientras la observaba, mis músculos estaban preparados para saltar al más mínimo indicio de fractura y llevarla de alguna manera conmigo hasta el piso de arriba.
En el bosque 14
Me hizo gracia la reacción de Shinichi ante mi contacto. ¿Por qué me daba la impresión de que me rehuía? ¿Cuál era el problema ahora?
-No creo que eso importe ya -respondí, cuando me señaló que no llevábamos la ropa adecuada-. Es más rápido ir a la habitación y cambiarnos allí, será mucho más fácil explicar porqué estamos desnudos en nuestro cuarto que por qué lo estamos a las puertas de la mansión.
Olfateé el aire, nerviosa. Olía a quemado, y era un olor muy intenso, demasiado como para ser algo que hubiese estado demasiado tiempo en el horno. Eché a correr, tirándo de Shinichi para evitar perderle. Sabía que no sería nada, que luego tendría que dar una ridíacula explicación de por qué le había arrastrado a la carrera, pero simplemente no me podía quedar tranquila. El fuego nunca me había gustado.
Sin embargo estaba equivocada. Nos recibió una gran columna de humo que se elevaba sobre la mansión. Entonces fue Shinichi el que aceleró y tiró de mí. Desde donde estábamos no se veían las llamas, pero indudablemente, la casa estaba ardiendo.
-No creo que eso importe ya -respondí, cuando me señaló que no llevábamos la ropa adecuada-. Es más rápido ir a la habitación y cambiarnos allí, será mucho más fácil explicar porqué estamos desnudos en nuestro cuarto que por qué lo estamos a las puertas de la mansión.
Olfateé el aire, nerviosa. Olía a quemado, y era un olor muy intenso, demasiado como para ser algo que hubiese estado demasiado tiempo en el horno. Eché a correr, tirándo de Shinichi para evitar perderle. Sabía que no sería nada, que luego tendría que dar una ridíacula explicación de por qué le había arrastrado a la carrera, pero simplemente no me podía quedar tranquila. El fuego nunca me había gustado.
Sin embargo estaba equivocada. Nos recibió una gran columna de humo que se elevaba sobre la mansión. Entonces fue Shinichi el que aceleró y tiró de mí. Desde donde estábamos no se veían las llamas, pero indudablemente, la casa estaba ardiendo.
07 noviembre 2009
En el bosque 13
SHINICHI
Sopesé las palabras de Natsuki y asentí, pero curvé un poco los labios al ver que seguía colgada de mi brazo tras haber recibido mi contestación. Sin saber muy bien si apartarla de un manotazo o pedirle educadamente que me liberase, me revolví incómodo esperando que captara la indirecta.
Tras un buen rato caminando juntos y agarrados, sintiendo de vez en cuando el contacto de la piel de su brazo contra el mío, decidí que había pasado el tiempo suficiente como para provocar una mala reacción en ella. Había accedido a perder parte de mi espacio vital en lo que llevabamos andado, y aquello era mucho más de lo que yo mismo esperaba de mi propio carácter.
Alcé el brazo y me coloqué la mano a la altura de la boca, curvándola y aclarándome la garganta de forma audible. Miré de reojo a Natsuki a través de un mechón de pelo.
-¿Te importaría...?
Tironeé un poco de mi brazo para recuperarlo y giré la cabeza para evitar fulminarla con la mirada. Estiré y encogí los dedos de la mano disimuladamente.
Estaba de mal humor. No habíamos adelantado nada ni conseguido una mísera pista de la que tirar por mi culpa. Al fin y al cabo, había sido yo quien había dado pie a que pasase lo que pasó y quien había descuidado la misión de forma alarmante. Me odiaba mucho por ello, así que me crucé de brazos y me adelanté un par de pasos para poder maldecir a gusto.
Estabamos a punto de llegar a la mansión de Kyoko cuando de repente me acordé de algo. Frené en seco y me di la vuelta, buscando a Natsuki.
-No nos hemos cambiado -Acusé señalando mi camiseta como si ella tuviera la culpa.
Apreté los dientes mientras esperaba su contestación, ignorando el fuerte olor a quemado que se colaba por entre la maleza.
Sopesé las palabras de Natsuki y asentí, pero curvé un poco los labios al ver que seguía colgada de mi brazo tras haber recibido mi contestación. Sin saber muy bien si apartarla de un manotazo o pedirle educadamente que me liberase, me revolví incómodo esperando que captara la indirecta.
Tras un buen rato caminando juntos y agarrados, sintiendo de vez en cuando el contacto de la piel de su brazo contra el mío, decidí que había pasado el tiempo suficiente como para provocar una mala reacción en ella. Había accedido a perder parte de mi espacio vital en lo que llevabamos andado, y aquello era mucho más de lo que yo mismo esperaba de mi propio carácter.
Alcé el brazo y me coloqué la mano a la altura de la boca, curvándola y aclarándome la garganta de forma audible. Miré de reojo a Natsuki a través de un mechón de pelo.
-¿Te importaría...?
Tironeé un poco de mi brazo para recuperarlo y giré la cabeza para evitar fulminarla con la mirada. Estiré y encogí los dedos de la mano disimuladamente.
Estaba de mal humor. No habíamos adelantado nada ni conseguido una mísera pista de la que tirar por mi culpa. Al fin y al cabo, había sido yo quien había dado pie a que pasase lo que pasó y quien había descuidado la misión de forma alarmante. Me odiaba mucho por ello, así que me crucé de brazos y me adelanté un par de pasos para poder maldecir a gusto.
Estabamos a punto de llegar a la mansión de Kyoko cuando de repente me acordé de algo. Frené en seco y me di la vuelta, buscando a Natsuki.
-No nos hemos cambiado -Acusé señalando mi camiseta como si ella tuviera la culpa.
Apreté los dientes mientras esperaba su contestación, ignorando el fuerte olor a quemado que se colaba por entre la maleza.
En el bosque 12
NATSUKI
Me desperté desnuda en el bosque. No estaba segura de haber llegado a dormirme, pero al menos no había sido consciente de lo que sucedía a mi alrededor durante un buen rato.
Shinichi dejó mi ropa ante mí y se alejó. Durante un momento me dí cuenta de lo que acabábamos de hacer y me planteé qué es lo que iba a pasar entre nosotros. Al fin y al cabo todavía teníamos que seguir actuando como marido y mujer...
Me vestí con rapidez y eché a andar tras él. No sabía hacia donde estábamos yendo, pero tampoco importaba mucho, con los pocos datos que teníamos cualquier lugar era bueno para empezar a buscar. ¿Cuántos árboles puede haber en un bosque?
No llevábamos andando mucho cuando, entre las copas de los árboles se abrió un pequeño claro y pude ver el cielo. Mierda. Se nos había hecho muy tarde.
Kyoko no tardaría en volver, más nos valía dar la vuelta cuanto antes.
Shinichi iba unos metros por delante mío, sin prestar atención a lo que yo hacía o si le seguía. Podría haberme quedado dormida en el claro o podría haberme comido un oso durante el camino y no creo que se hubiese dado cuenta.
-¡Shinichi! -llamé, aferrándome a su brazo.
Se volvió con cara de enfado, pero no le di importancia. No es como si hubiese esperado que me sonriese. ¿O sí?
-Hay que volver. Ha pasado el mediodía, Kyoko no tardará en llegar.
Me desperté desnuda en el bosque. No estaba segura de haber llegado a dormirme, pero al menos no había sido consciente de lo que sucedía a mi alrededor durante un buen rato.
Shinichi dejó mi ropa ante mí y se alejó. Durante un momento me dí cuenta de lo que acabábamos de hacer y me planteé qué es lo que iba a pasar entre nosotros. Al fin y al cabo todavía teníamos que seguir actuando como marido y mujer...
Me vestí con rapidez y eché a andar tras él. No sabía hacia donde estábamos yendo, pero tampoco importaba mucho, con los pocos datos que teníamos cualquier lugar era bueno para empezar a buscar. ¿Cuántos árboles puede haber en un bosque?
No llevábamos andando mucho cuando, entre las copas de los árboles se abrió un pequeño claro y pude ver el cielo. Mierda. Se nos había hecho muy tarde.
Kyoko no tardaría en volver, más nos valía dar la vuelta cuanto antes.
Shinichi iba unos metros por delante mío, sin prestar atención a lo que yo hacía o si le seguía. Podría haberme quedado dormida en el claro o podría haberme comido un oso durante el camino y no creo que se hubiese dado cuenta.
-¡Shinichi! -llamé, aferrándome a su brazo.
Se volvió con cara de enfado, pero no le di importancia. No es como si hubiese esperado que me sonriese. ¿O sí?
-Hay que volver. Ha pasado el mediodía, Kyoko no tardará en llegar.
06 noviembre 2009
En el bosque 12
SHINICHI
Natsuki se quedó medio adormilada encima de mis piernas. Nuestros cuerpos entrelazados reposaban sobre la hierba para recuperar fuerzas.
La chica se rebulló y apoyó la cabeza en mi hombro. Sus manos pasaron por mi espalda y me abrazaron casi sin fuerzas.
-Eh -Susurré-, Natsuki...
No hubo respuesta.
Permanecí en silencio durante un rato pensando qué implicaría lo que acabábamos de hacer. Durante aquella breve pausa me dio tiempo a pensar muchas cosas.
Finalmente me decidí a levantarme y dejé a Natsuki apoyada contra el árbol mientras me vestía. La camiseta y los pantalones habían formado un pequeño reguero por el suelo del bosque. Las zapatillas... habían quedado muy lejos, pero aún así también las recogí.
Natsuki entreabrió los ojos justo cuando terminaba de hacerme la coleta, así que en dos zancadas me planté frente a ella y dejé su ropa en el suelo. Durante un instante nos miramos directamente a los ojos.
Quizá ella quisiera una respuesta en aquel momento.
Le di la espalda sin mostrar el menor rastro de emoción en mi mirada y me alejé despacio.
Natsuki se quedó medio adormilada encima de mis piernas. Nuestros cuerpos entrelazados reposaban sobre la hierba para recuperar fuerzas.
La chica se rebulló y apoyó la cabeza en mi hombro. Sus manos pasaron por mi espalda y me abrazaron casi sin fuerzas.
-Eh -Susurré-, Natsuki...
No hubo respuesta.
Permanecí en silencio durante un rato pensando qué implicaría lo que acabábamos de hacer. Durante aquella breve pausa me dio tiempo a pensar muchas cosas.
Finalmente me decidí a levantarme y dejé a Natsuki apoyada contra el árbol mientras me vestía. La camiseta y los pantalones habían formado un pequeño reguero por el suelo del bosque. Las zapatillas... habían quedado muy lejos, pero aún así también las recogí.
Natsuki entreabrió los ojos justo cuando terminaba de hacerme la coleta, así que en dos zancadas me planté frente a ella y dejé su ropa en el suelo. Durante un instante nos miramos directamente a los ojos.
Quizá ella quisiera una respuesta en aquel momento.
Le di la espalda sin mostrar el menor rastro de emoción en mi mirada y me alejé despacio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

