SHINICHI
Contemplé la escena desde el otro lado del cuerpo de Kyoko. La verdad es que me estaba poniendo de una mala hostia...
Me levanté y rodeé el cuerpo, yéndome a colocar justo al lado del criado al que habíamos rescatado junto a la mujer.
-A menos que quieras que te corte las manos, te sugiero que las coloques en otro lugar -Gruñí entre dientes al oído de aquel hombre-. Lo que están tocando me pertenece.
Dispuesto a retarme una vez más alzó la mano y, en lugar de retirarla, la paseó distraidamente a una distancia prudente de su cuerpo. Aprovechando que Natsuki estaba de rodillas e inclinada atendiendo de nuevo a las preguntas de Kyoko, coló su mano siguiendo la línea de la cara interna de sus muslos. Sin embargo, la retiró nada más sentir el frío tacto del metal de una de las muchas armas que la chica ocultaba por todo su cuerpo.
Al ver su cara de espanto no pude evitar echarme a reir. Natsuki nos miró a ambos confundida, ya que no había llegado a sentir la invasión que aquella escoria pretendía haber llevado a cabo, pero a mí me hacía mucha gracia la forma en que había terminado su pequeña incursión. Sobre todo si teníamos en cuenta que algo parecido me sucedió a mí la primera vez que estuvimos juntos...
-Lárgate -Ordené esbozando una sonrisa escalofriante-. Mi mujer y yo nos ocuparemos de Kyoko.
El criado se arrastró hacia atrás, dispuesto a hacer caso de mis palabaras en aquella ocasión.
Yo me limité a colocar una de mis manos encima de la de Natsuki, para que quedara bien claro hasta dónde llegaban los límites de mi coto de caza privado.
08 noviembre 2009
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