NATSUKI
Shinichi se había ido y mi primer impulso fue salir tras él. No sabía qué hacer con aquella gente y tampoco quería pensarlo mucho.
Hideki se había tranquilizado un poco, pero seguía soltando pequeños lamentos cada poco. En el mismo instante en que empezó a hablar me arrepentí de haber preguntado nada, preferiría seguir pensando en él como "el desconocido" a haber presenciado aquella patética escena.
Se inclinó sobre Kyoko de tal forma que quedó completamente de espaldas a mí, haciéndome imposible ver lo que hacía. No me gustó. No había ninguna razón, pero no quería que se quedase a solas con Kyoko, había algo en él.... Algo no estaba bien. O tal vez no fuese más que el hecho de que aquel tipo me desagradaba. Entendía perfectamente el asco que había reflejado el rostro de Shinichi.
-Hideki, aparta de ahí -ordené.
La cara que puso me revolvió algo por dentro. Mierda, parecía un cachorrito apaleado. Un hombre hecho y derecho no debería tener ese aspecto.
-Necesita aire -intenté explicar. ¿Estaba justificándome con él o conmigo misma?-, es mejor que no te eches encima suyo.
Asintió y se colocó a mi lado. Estaba empezando a ponerme nerviosa con tanto paseíto.
En ese mismo momento, y como si me estuviese dando la razón, mi aún supuesta prima despertó. Aproveché para acercarme a ella, apoyando su cabeza en mi regazo para incorporarla un poco.
-¿Qué tal estás, prima?
-Creo... me da vueltas la cabeza -gimió.
-No te preocupes, has inhalado demasiado humo, se te pasará.
-Señorita... Señorita... -sollozó Hideki-. Pensé que la había perdido... Señora Kyoko...
Le miré, extrañada por su reacción. Definitivamente no entendía a aquel hombre. Hice caso omiso a su presencia, de pronto me había dado cuenta de que aquella situación podía no ser tan desastrosa como aparentaba. Quizás podríamos aprovecharnos de ella en nuestro beneficio.
-Vamos prima, ahora hay que empezar a pensar qué vamos a hacer. Hay que sacar a toda esta gente de aquí y buscar un sitio donde pasar la noche.
-No... No sé... En el pueblo quizás....
-Pasamos por el pueblo de camino a aquí -dije, sacudiendo la cabeza-, no hay sitio para albergar a tanta gente. No podemos dejar a los criados por el camino.
La duda llenó sus ojos.
-Tal vez padre pueda... No. No puedo ir con él. Tengo... que... Tengo que quedarme aquí. No podemos irnos.
Miré a Hideki, intentando averiguar por su rostro si aquella reacción era normal, pero tenía la cabeza gacha. Kyoko volvía a comportarse como cuando descubrimos su sarpullido.
-No podemos quedarnos aquí, prima. Han controlado el fuego, pero el edificio puede derrumbarse en cualquier momento, no podemos pasar la noche al raso aquí en medio. Seguro que hay alguien cerca que nos pueda acoger aunque sea una noche.
-Mi padre vive cerca -soltó abruptamente.
Vi el cielo abierto. Por fin conseguía llevarla por donde yo quería.
-¿Podríamos ir con él?
-Sí... Tal vez...
-¡No, señora! -interrumpió de pronto el criado.
Me volví con una mirada feroz. Muy bien, ahora sí que iba a sacudirle.
14 noviembre 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada