NATSUKI
Sin dejar de sostenerle la mirada me relamí con suavidad, buscando en mis labios el rastro de su sabor.
-Es un árbol. Le apliqué varias hierbas para intentar averiguar a que se debía esa reacción y podría asegurar que es un árbol, aunque no puedo decirte nada más. Necesitamos algún otro dato.
Me recosté en el futón, cerca suyo para poder seguir hablando. Aquel ritmo tan tranquilo que habían adoptado nuestras vidas conseguía que me pasase días enteros soñolienta.
-Antes de que ocurra algún desastre, tenemos que aclarar un par de cosas –empecé, extendiendo la mano distraídamente y jugueteando con los pliegues de su ropa-. No me pidas que te sirva el té ni que cumpla mi papel de esposa en cosas parecidas. Reconozco que en ese sentido estoy completamente perdida, no sé nada de este mundo y no quiero estropear la misión por algo así.
Me incorporé para quedar a su altura y me mordisqueé el labio juguetonamente, notando su mirada fija sobre mí. No sabía a qué había venido el pequeño acercamiento de hacía un momento, pero me apetecía jugar con fuego y comprobar hasta dónde llegaba.
-Además, si lo hago mal tendrás que castigarme -ronroneé, prácticamente en su boca.
Pareció sorprenderse con mis palabras y me gustó verlo. Su reacción me hizo crecerme y seguí pinchándole, ansiosa de ver qué haría a continuación. Acercarme a él era peligroso; hablar, lo más extraño que pudiese imaginar; luchar, divertido y excitante. Cualquiera de las posibilidades me gustaba, ¿por qué no arriesgarme?
-Aunque ya sabes que primero tendrías que conseguir atraparme y dominarme –sonreí y me aparté un poco-. ¿Crees que podrías hacerlo de nuevo?
Me encantaban los retos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario