18 junio 2009

Indicios 3

NATSUKI

Tuve que hacer un esfuerzo impresionante para controlarme y que mi rostro no mostrase una expresión desencajada. ¿Se había vuelto loco? Yo no tenía ni idea de cómo funcionaba todo eso de servir el té, nunca en mi vida lo había probado antes de entrar en esa casa.
Kyoko había actuado con movimientos lentos y había hecho muchas cosas a las que yo apenas había prestado atención. ¿Bastaría con echar el líquido en el tazón y dárselo? Más me valía que así fuese.

Al adelantarme para coger los utensilios, le lancé una mirada cargada de odio y reproche a Shinichi, que todavía sostenía con una delicadeza nada propia de él, las manos de nuestra prima. Algo en mi interior se revolvió y de nuevo quise gritar ¡Mío!, al fin y al cabo era yo la que servía el té, pero también lo agradecí, si él la mantenía entretenida tal vez no se diese cuenta del engaño.
Con mucha parsimonia serví el líquido en tazones nacarados y se lo ofrecí primero a mi marido, después a mi prima. Ella se deshizo del apretó de Shinichi y tomó el tazón de mis manos. Nuestros dedos se rozaron y yo que mantenía la mirada baja para simular timidez, pude ver la hinchazón de sus yemas.

-Querida prima –murmuré con suavidad-, ¿qué ha ocurrido para que tus manos tengan ese aspecto?

Ella se las miró como si fuese la primera vez que las veía y su rostro se llenó de sorpresa al ver el aspecto que tenían. ¿Cómo podía no haberse dado cuenta de algo así?

-No... no lo sé –respondió ella, vacilante-. La verdad es que me pican un poco pero... No estoy segura...

Parecía preocupada y dijo de llamar a un médico para borrar ese horrible daño de su piel. Sin embargo, yo no podía permitirlo, si algún medicucho trataba esas manos nunca sabríamos qué le había ocurrido. Podía no ser nada, pero el hecho de que no se hubiese dado cuenta de ello me llamó la atención lo suficiente como para indagar en ello. Lo peor que podía pasar era que tuviese algo que hacer durante un par de días.

-Kyoko-san, permíteme encargarme a mí –ambos se volvieron hacia mí con incredulidad-. Él doctor tardará en llegar desde el pueblo y yo sé algo de hierbas, puedo intentar aliviarte el escozor y devolverles su hermosa apariencia a tus manos. No querría que tu delicada piel sufriese ningún daño.

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