16 junio 2009

¿Incompatibles? 6

NATSUKI

Respiré aliviada cuando sus manos apartaron la ropa, liberándome de aquel molesto problema. Me quedé allí plantada, sin percatarme de nada hasta que Shinichi hizo ruido y me di cuenta de que estaba desnuda frente a él. Durante un segundo me tentó la idea de quedarme allí quieta y obligarle a actuar. Pudor y vergüenza eran palabras con muy poco significado para mí, no tendría ningún problema en quedarme desnuda frente a él todo el tiempo que fuese necesario. ¿Saldría corriendo? ¿Se me echaría encima? Pero todavía nos quedaba una larga convivencia por delante y molestarle desde el primer momento no parecía muy buena idea. Me aparté con suavidad, buscando a mí alrededor algo con lo que taparme, aunque con la duda todavía corroyéndome por dentro. Si yo hubiese sido una chica mala, ¿cuál habría sido su reacción?

-Un segundo –murmuré al ver que él seguía con la mirada baja, evitando mi cuerpo-. Voy a por una toalla.

Al darme la vuelta me pareció captar por el rabillo del ojo un movimiento de Shinichi. ¿Había levantado la cabeza y me observaba o eran imaginaciones mías? No quise comprobarlo, si lo hacía, que disfrutase de aquello que no iba a tener; si no lo hacía, no sería yo la que se lo impidiese con miradas furtivas.
El baño era grande, enorme y suntuoso hasta el punto de parecerme horrible. Atrapé una suave toalla y me envolví en ella lo más rápido posible. Ya salía del baño cuando me lo volví a pensar y cambié de opinión. Estaba cansada, sudorosa y llena de polvo, un poco de agua no me haría daño.
Asomé la cabeza por la puerta y puse a mi marido al corriente de mis intenciones.

-Shinichi, aquí hay una bañera impresionante, voy a darme un gusto a costa de nuestra agradable anfitriona. Si mañana no he salido comprueba que no me he asfixiado con las sales de baño.

Volví a cerrar la puerta sin llegar a fijarme en lo que estaba haciendo y tras unos minutos, me sumergí con placer en el agua. El líquido ardía contra mi piel y en seguida el cuarto se llenó de vapor con olor a jazmín. Cerré los ojos y me relajé. Tan solo por acceder a soportar a Shinichi, la heredera chiflada y los kimonos diabólicos, me merecía un premio por adelantado.

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