SHINICHI
Empujé mi cuerpo contra el suyo y rodamos hasta un extremo del colchón. Su risa martilleaba en mis oídos mientras me colocaba sobre su estómago y extendía la parte superior de su cuerpo por el tatami. Parecía que mis brazos y piernas se movieran por voluntad propia, presionando en sus muñecas y en su cadera con una fuerza que solía emplear en otro tipo de batallas.
-Se me ha ocurrido una idea -Anuncié jadeante. Me estaba costando mantenerla contra el suelo y el colchón a la vez. Ella intentaba escurrirse y yo intentaba no pasarme demasiado de la raya-, y creo que va a contentar a todas esas facetas tuyas al mismo tiempo.
Solté una de sus muñecas y permanecí inmóvil en la misma posición. Mi brazo seguía en su sitio, preparado por si su reacción no era la que esperaba. Sin embargo, la curiosidad terminó por vencerla y no hizo ningun movimiento extraño ahora que estaba libre.
Con lentitud, y ocultándolo parcialmente con parte de mi cuerpo, retiré el brazo y lo desplacé hasta el lugar donde la tela de mi pantalón tocaba parte de su piel.
La palma de mi mano rodeó su pierna por el borde exterior y se fue deslizando hacia arriba hasta donde alcanzó la longitud de mi brazo. Solté su otra muñeca y sin ningún tipo de tapujos me impulsé más cerca de ella con las rodillas. Ambas manos continuaron su recorrido, frotando su piel de tal manera que mi tacto permaneciera en ella aún después de parar, como una marca.
Mis dedos se deslizaron por el borde entre su estómago y su espalda, arrancándole suaves risitas y haciendo que pegase pequeños brincos involuntarios contra mi cuerpo.
Después de unos minutos en los que su risa había vuelto a inundar mis oídos, mis manos volvieron a afianzarse sobre su piel. Me incliné suavemente sobre ella para permitirme llegar a la meta. Mis manos dejaron atrás el estómago y continuaron ascenciendo. El contorno de su figura se ensanchó al llegar a determinada altura. Dos círculos, situados uno a cada lado, me dieron la bienvenida. No pude hacer otra cosa que agasajarlos de la mejor manera que supe.
Al cabo de un rato la visión se me había nublado. No podía distinguir el gesto de Natsuki, y creo que tampoco prestaba atención a sus palabras. Lo que pasó a continuación fue bastante confuso. Tan solo recordaba haberme metido en el futón, lo más alejado posible de ella, gruñendo y murmurando entre dientes. La enorme colcha me estaba haciendo sudar como un pollo y el dolor que sentía en cierta parte de mi cuerpo tardó un rato en desaparecer. Después Morfeo se apiadó de mí y me acogió en sus brazos.
17 junio 2009
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