18 junio 2009

Indicios 4

SHINICHI

Los criados habilitaron una de las habitaciones para que Natsuki pudiese hacerle una primera cura. Yo, a pesar de la insistencia de las dos mujeres en que aquello iba a ser un espectáculo aburrido para un hombre, las seguí alegando que no me sentiría tranquilo hasta ver a nuestra prima recuperada.

En el centro de la sala había colocada una pequeña mesa sobre la que habían extendido toallas húmedas que desprendían un ligero olor a rosas. Además de aquello, unas doncellas apariecieron al momento cargadas con bandejitas llenas de hierbas, cuencos, pequeños instrumentos afilados y un sinfín de cosas que yo, personalmente, no tenía ni idea de para qué podrían servir.
Cuando se retiraron tras dejar las bandejas, Natsuki comenzó su labor.

Al principio la miré con desconfianza. Tomaba pequeños puñaditos de diferentes hierbas y los echaba al recipiente de madera. Parecía que lo hacía de manera automática. Sus manos se movían por la mesa como si estuviesen bailando, cogiendo un pellizco de aquí y allá para luego machacarlos juntos hasta lograr una pasta espesa que fue diluyendo con agua.
A mi, el hecho de que supiera tan bien qué elementos mezclar solo me escamaba más. Al fin y al cabo, Natsuki, como yo, era una asesina. Y guardaba cierto resentimiento hacia Kyoko...

No obstante, el destino, o quizá Natsuki, fue benévolo y la pobre Kyoko pareció notar mejoría en sus dedos hinchados. Después de aquello me ofrecí a acompañarla a su habitación, donde le deseé una pronta recuperación antes de poner rumbo a la mía. Al deslizar la puerta corredera me encontré una mirada muy poco amistosa por parte de Natsuki.

-No frunzas tanto el ceño. Con ese kimono que llevas me recuerdas más a una niña pequeña que a la mujer adulta que deberías ser.

Su gesto de incredulidad me dio la ventaja que necesitaba para poder sentarme frente a ella y taparle la boca con la mano antes de que pudiera responderme. Por un momento pensé que quizá me mordería.

-Calla y escucha, se me ha ocurrido una idea brillante. Espero que hayas tocado sus dedos lo suficiente como para que salga bien.

Hacía tanto tiempo que no me sumergía en mi interior que un escalofrío recorrió mi espalda cuando rompí con ganas el primer sello que desataba el Ichigen. Una parte de mi ser gritaba eufórica ante la sensación estimulante del poder que se expandía con todos sus hilos por mi organismo. Cuando volví a tener aquella extraña sensación sobre la mejilla estuve listo.

-Puede que ahora notes un cosquilleo. Voy a usar una pequeña parte de mi conciencia para comprobar si, con el roce, alguno de los elementos de lo que haya tocado y le haya provocado esa reacción alérgica se encuentra todavía en tu piel.

Con mi mano aún sobre su boca exploré su epidermis, centrándome en ambas manos, muñecas y brazos hasta el codo por si acaso. Examiné a conciencia cada nueva sustancia ajena a la composición normal de un ser humano, cualquier agente externo, pero apenas pude recabar información. Los restos que habían pasado a Natsuki lo único que me decían era que se trataba de una planta. Al cabo de un rato, la chica me preguntó, susurrando sobre mi mano con suavidad para no desconcentrarme. Como ya había terminado, abrí los ojos y clavé la vista en ella.

-No mucho -Contesté con resignación-. Lo único que he localizado son componentes orgánicos que encontrarías en... ¿aproximadamente todas las plantas del planeta? Sí, algo así. Lo máximo que sabemos es que es una planta.

Con cuidado retiré la mano de su boca. Antes de devolverla a mi regazo, uno de mis dedos se rezagó en sus labios. Delineó el centro de su boca, de arriba a abajo, y después se dejó caer cansado sobre mi cuerpo.

No hay comentarios: