06 diciembre 2009

Entre las llamas 9

NATSUKI

No le llevé la contraria a Shinichi cuando ordenó ponernos en marcha, estaba demasiado cansada y tenía demasiadas ganas de alejarme de allí como para protestar. Echamos a andar hacia el bosque del que habíamos venido y no me planteé que deberíamos encaminarnos a lagún sitio hasta mucho después. Sin embargo, Shinichi parecía caminar con tanta decisión que supuse que sabía a dónde nos llevaba. Aunque tampoco recordaba haberle visto nunca vacilar a la hora de actuar, ni siquiera cuando improvisaba.

Cuando vi que bajaba el ritmo tuve que obligarle a pasarme a Kyoko. Casi tuve que sacar la espada para convencerle de que también necesitaba descansar un poco. Me arrepentí casi inmediatamente. El peso de la chica estuvo a punto de vencerme y aunque logré estabilizarme enseguida, me di cuenta de que el cansancio era peor de lo que pensaba. Aún así no dije nada y mantuve el paso con cabezonería.

Anocheció y seguimos caminando hasta que la oscuridad nos impidió seguir avanzando. Cuando paramos, Shinichi volvía a llevar a Kyoko, nos habíamos intercambiado al menos un par de veces más para llevarla y ella seguía dormida o inconsciente. La verdad es que empezaba a preocuparme.
Aunque la verdad es que en ese momento me preocupaban algo más los amigos que Hideki se había traído. Más que criados de una casa fina parecían algún tipo de cruce entre oso y hombre de las cavernas y, sinceramente, no me fiaba lo suficiente de nadie como para atreverme a cerrar los ojos. El problema era que mi cuerpo me pedía deplomarme en algún rincón urgentemente.

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