SHINICHI
Lo primero que hice nada más despertar fue rodar por puro instinto. Di una voltereta en el suelo alejándome de aquello que mis sentidos me gritaban que era el peligro.
Medio inconsciente aún, intenté enfocar mi mirada borrosa para hacerme una idea de lo que estaba sucediendo a mi alrededor, pero nada de lo que registraba mi cerebro parecía tener sentido. Los hombres que Hideki había traído se habían agrupado frente a Natsuki, hacían crujir sus nudillos y soltaban risotadas que pretendían sonar amenazantes. Al cabo de unos segundos me sentí absurdo y estúpido por no haberme dado cuenta antes. Nos habían tendido una emboscada.
En un acto reflejo, mi mano se posó sobre mi cadera. Tenía la espada al costado, afortunadamente el enganche había aguantado y seguía conmigo, pero sabía que todavía pasaría un tiempo hasta que fuese capaz de utilizarla. La última vez que había desatado los sellos de golpe para impedir que Natsuki cayera desde las alturas había sido muy doloroso, así que esta vez lo haría como de costumbre.
Liberé el Ichigen y noté el chispazo de poder despertarse en mi interior y revolucionar mis células. Kyoko estaba siendo arrastrada por un par de hombres que se habían separado del grupo y yo solté una maldición.
Natsuki luchaba cerca de mí, y yo seguía temporalmente fuera de combate sin un arma.
Se me ocurrió una idea.
Rápidamente y en el más absoluto silencio me deslicé hasta el centro de la batalla, haciendo chocar mi espalda con la de Natsuki.
-Hazme un favor ¿quieres? -Murmuré en voz baja, aprovechando la confusión que había causado mi entrada, y acto seguido palpé su cadera en busca de la empuñadura de la espada corta que solía llevar- Te la devolveré dentro de un rato.
Salté de su lado y liberé el segundo sello mientras me lanzaba a hacer frente a aquellos corpulentos hombres que discretamente nos habían ido rodeando. La fina membrana que debía recubrir mi cuerpo comenzó a hacer su aparición desde distintos puntos de mi cuerpo.
06 diciembre 2009
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