SHINICHI
Recorrí una vez más las líneas de su cuerpo con la mirada. Posé mis manos, temblando, sobre su cintura.
-Tú... tú...
Suspiré e intenté concentrarme en articular un par de frases. Estaba embelesado con la visión de su cuerpo y la invitación que se ocultaba bajo sus palabras. Demasiadas ideas cruzando por mi cabeza. ¿Sería debido a la abstinencia? ¿A la situación que habíamos creado tan bruscamente? ¿A que, simplemente, era joven y estaba salido?
-Tú solita te lo has buscado -Me agaché y susurré en su oreja-. P-e-r-v-e-r-t-i-d-a.
Me separé ligeramente y comencé a desatar la venda con la que tapaba la extraña marca de nacimiento que me señalaba como portador de poder. La enrrollé con suavidad en mi mano y me coloqué detrás.
Natsuki se extrañó al notar mi presencia ahí, pero yo lo tenía todo pensado y me limitaba a actuar tal y como ese poderoso instinto humano me dictaba.
-No verás nada. Te voy a privar de un sentido -Murmuré mientras agarraba la venda con ambas manos y se la pasaba por los ojos-. Cómo y dónde te tocaré, qué haré después... serán cosas que no verás venir y para las que no podrás prepararte. Dependes totalmente de mi voluntad.
No estaba muy seguro de eso último. Natsuki podía quitarse la venda y pegarme un buen puñetazo si hacía falta, pero supuse que estaría demasiado ocupada con el calentón como para pensar en cualquier idea rara como la que me acababa de cruzar.
Anudé ambos extremos de la venda después de dar un par de vueltas para asegurarme de que no veía nada. Después le mordí con suavidad el cuello por detrás hasta llegar al hombro y liberé mis manos, que se lanzaron ávidas a sus pechos. Suspiró y eso me provocó una sensación en el estómago que hasta entonces no había tenido nunca.
-Si te ves capaz... -Propusé con la voz algo ronca- puedes intentar atraparme en ese mar de oscuridad al que te he condenado.
02 agosto 2009
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