SHINICHI
Se acercó hasta el árbol y a cada paso que daba, mis pies, apoyados sobre la rama, se deslizaban un poquito más hacia la posición que me permitiría saltar de ahí con facilidad.
Escuché sus palabras con atención, sopesando muy mucho hacerle caso sin más y arreglar nuestras diferencias textiles.
-¿Por qué no te cubres? -Pregunté. Aparte de tener curiosidad al respecto, esperaba que fuese consciente de lo mucho que me estaba provocando paseándose desnuda como si nada delante de mis narices. Después de todo, en todo el tiempo que llevababamos alojados en casa de Kyoko no me había dejado ver ni un ápice de su piel.
Natsuki frunció el ceño y me pareció leer frustración en su rostro. Yo seguía en lo alto del árbol y ella a los pies, no muy dispuesta a subir. Pero es que tampoco me podría contener por mucho más. Mis pies avanzaban inexorablemente hasta el ángulo desde el que impulsarse hacia abajo.
-¿Te gusta que te miren?
Salté y me hice daño en los pies y las rodillas al caer. Las prisas no son buenas.
-¿O es que quieres que te toque?
Permanecí frente a ella, luchando por mantener las manos flácidas a ambos lados de mi cuerpo. Se me iban los ojos sin poder evitarlo.
¿Ahora ni siquiera iba a poder intimidarla con una de esas frías miradas que tan bien se me daban?
02 agosto 2009
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